jueves, 10 de agosto de 2017

Capítulo 18 - La Revelación

*** Raissa 
En el lapso de minutos pasamos de estar caminando por el silencioso pasillo, a una trampa mortal en el segundo piso rodeados de sombras. Me costó un par de segundos poder asimilar nuestra nueva situación, minutos atrás estaba tan segura que siguiendo Javier estaría a salvo, pero por alguna razón su visión de futuro ya no era confiable.
-          Estamos teniendo problemas- me dijo cuando nos encontramos con unas escaleras circulares al final de un estrecho pasillo, después de nuestra pequeña carrera.
Le observé discretamente, se veía confundido, ligeramente sudado, las pupilas pasaban de estar completamente dilatadas a evidentemente desenfocadas. Se apoyó para recuperar el aliento en la base de las escaleras unos segundos, pero aun así se notaba evidentemente cansado, respiraba entrecortadamente mientras pequeñas gotas corrían por su frente y las manos le tiritaban, pese a que intentó esconderlas de mi al apoyarse por completo en la baranda.
   
Por las escaleras seguramente no llegaríamos al segundo piso, al menos eso me decía mi instinto, pero no encontré ningún tipo de interruptor para tener una visión más clara, por lo que saqué de mi bolsillo la linterna que cargaba en caso de emergencias, alumbré hacia arriba y vi que aproximadamente unos cuatro metros más allá había una pequeña puerta blanca, probablemente metálica por el resplandor que esta tenía ante mi linterna, saqué mi bolso una botella con agua y se la entregué Javier. 
-          Necesito saber qué te pasa- le dije secamente mientras bebía pequeños sorbos de agua-, algo no está bien contigo y necesito que me lo digas- 
-          Es mi visión- dijo tomando aire y girándose, apoyando su espalda contra la baranda metálica, por lo que esta crujió ligeramente-, algo está interfiriendo y no puedo ver los eventos que están por pasar, tengo la certeza de que tenemos que subir estas escaleras, para bien o para mal, pero no puedo ver lo que nos espera final de ellas. 
-          ¿Sabes al menos si estamos rodeados?- pregunté quitándole la botella de las manos y tomando un pequeño sorbo- ¿O si Leo y Aixza se encuentran bien?
-          Tú puede saber mejor que yo si estamos rodeados- dijo elevando una ceja- más que mal puedes saber si están a punto de atacarnos o no- frunció los labios y cerró los ojos, en un evidente intento por concentrarse, pero al cabo de unos segundos suspiró de forma resignada y sacudió la cabeza- con respecto a Leo y Aixza, no sé exactamente en qué condiciones se encuentran ahora, sólo sé que los veremos al final de las escaleras, pero no sabría decirte si ya se encuentran allá por ellos nos encontrarán después- 
-          Eso es alentador- bufé- dado que realmente no sabes nada, creo que solo nos queda subir las escaleras y averiguarlo- dije apuntando la linterna hacia la rocosa hilera escalones que nos aguardaba. 
-          Lamento no ser de más utilidad, pero cada vez que trato de ver hacia el futuro todo se vuelve nebuloso Y siento que me voy a desmayar⁃ contestó claramente agobiado, en su voz se podía palpar la frustración. 
-          Entonces honestamente prefiero que dejes de intentarlo, no tengo intenciones de dejarte solo, ni mucho menos de enfrentar los que sea que nos espera sin otro par de ojos. 
-          ¿Enfrentar cómo? Si no tienes habilidades de ejecutora
-          Lo que no significa que no me pueda defender- repliqué sacando de mi bolsillo interior de la chaqueta una pequeña pistola, lo que me valió una notable reacción de sorpresa por parte de Javier- no es lo que crees, causa esa primera impresión, pero yo no soy como ellos, está cargada con tranquilizantes, un tiro efectivo y dormirás por una semana, pero no es lo que estaba buscando- dije regresándola a su lugar y sacando del bolsillo exterior una pequeña esfera verde, con un botón negro parpadeante- esta pequeña maravilla me la regaló mi padre, dijo que la había obtenido para mi tía que era una ejecutora, pero ella murió al poco tiempo- giré la bola en mi mano, intentando no recordar lo triste que estaba mi padre el día que me la entregó, justo antes que comenzara nuestro viaje, diciéndome que recordase que por mis venas también corría sangre de ejecutora, que no todo es blanco o negro, luego recuerdo que al ver a Leo y Aixza en el aeropuerto a la distancia y me dijo que lo más probable es que la sangre me ayudase a salir de alguna situación complicada-, esta pequeña maravilla nos entregará un par de segundos de confusión antes de que nos ataquen.  
Tratamos de subir lo más silenciosamente posible las escaleras, y a mitad de camino apagué la linterna para no delatarnos, pero como lo temía, y de acuerdo a lo que mis sentidos me decían, había más de una sombra arriba con la firme decisión de atacar apenas nos viese. 
En los últimos tres escalones concentré toda mi energía en hacer jugar a las sombras quienes esperamos, ahora podía sentir que eran por lo menos cinco. Pero di algo más con algo que no identificado mientras subía las escaleras, tres voluntades inconfundibles, abrí la puerta y fueron lo primero que vi.
Nuestros guardianes
-          ¡Raissa!- Gritó  la inconfundible voz de Diego
Presioné la esfera rápidamente y la arrojé hacia la azotea a la que nos habían conducido las escaleras. Una nube de humo y pequeñas explosiones comenzaron, tomé a Javier de la mano y corrí agazapada rodeando la nube. Aparentemente la distracción había funcionado ya que las sombras presentes gritaban entre medio de la nube pero no podían decidirse a quien atacar, confusión que me encargué de incrementar al punto de que logre que comenzaran a atacarse entre ellos, momento en el que comencé a correr dirección a nuestros guardianes, pero a medio camino el motociclista me cerró el paso. 
-          ¡No tan rápido!- dijo apuntándole con una pistola, comencé a enfocarme en hacer que tirase el arma, pero sin resultado - no te desgastes tratando de hacerme cambiar de decisión, como tú eres influyente, yo soy persuasiva- 
-          No eres Sam…- dije con sorpresa
-          Eso es evidente- replicó con desgano- pensé que te habías dado cuenta la primera vez que nos vimos- 
-          ¿Cómo?- pregunté intentando ganar más tiempo, esperando que el estruendo hiciese que Leo y Aixza apareciesen, pero también concentrada en evitar que nos atacasen, y para ser sincera estaba algo intrigada por esta persona con una habilidad tan parecida a la mía. 
-          No puedo esperar a ver tu cara de terror nuevamente, igual a la que tenías en tu jeep, tan asustada que no sabías como deshacerte de mi- dijo con superioridad- ya sabes cómo se siente cuando juegan con tu voluntad- remató con arrogancia y aunque no podía ver su rostro, supe que reía bajo su casco. 
Sabía perfectamente a qué se refería, aquella persecución en la que casi logra que me estrellase y en la que como muy pocas veces, mis decisiones no fueron las más rápidas, claro que ahora recién podía entender el porqué. 
Intenté estirar un poco el tiempo, pero me di cuenta de que Javier estaba particularmente callado, me giré para verlo y su rostro estaba blanco, luchaba notoriamente contra algo inexistente, no era difícil saber quién tenía la culpa de su estado, cuando comenzó a desvanecerse saqué la pistola de mi bolsillo y la apunté con ella, esperando que creyese que era un arma común. 
- ¡Qué le estás haciendo!- 
- Nada para preocuparse- contestó de nuevo con esa risa jactanciosa que me estaba comenzando a sacar de mis casillas- en todo caso él no tiene nada que temer… por ahora- 
El silencio nos rodeó lentamente, y me tomó otro segundo darme cuenta que no sólo era el silencio lo que se cernía sobre nosotros, sino que las sombras habían dejado de pelear entre ellos y se enfocaban decididamente sobre nosotros. Ella había logrado que me desconcertase lo suficiente como para darles la oportunidad de  esquivar mi habilidad. 
Estábamos perdidos. 
Con un brazo intenté sostener a Javier, que sostenía una batalla más allá de mis comprensiones en su cabeza, mientras que con la otra apuntaba hacia las sombras que nos rodeaban y lentamente nos empujaban hacia uno de los extremos de la azotea, dejándonos definitivamente sin escapatoria. 
Cuando llegué a borde casi resbalo y el susto me hizo gritar, me regresó a ese vuelo en el que soñé la caída desde esta misma azotea… 
Intenté encontrar lo que fuese que nos ayudase, al no encontrar nada concentré toda mi energía en cambiar su decisión. Me enfoqué por completo en ella, si al menos pudiese lograr que arrojase el arma tendría una posibilidad de hacer el tiempo suficiente para que Leo y Aixza nos encontrasen y pudiésemos salir los siete de aquí. 
- No podrás cambiar mi decisión, sé muy bien cómo funciona tu habilidad y mi voluntad no va a flaquear- me disparó en la pierna haciéndome gritar de dolor, de forma que apenas podía mantenerme en pie. – el siguiente va en el hombro, para que tus amiguitos vean cómo te desangras hasta la muerte o comienzas a delirar del dolor, en ambos casos va a ser un lindo espectáculo- dijo con una risa maquiavélica, podía sentir el placer emanar de ella, el goce que le daba infligir dolor 
Levantó la mano para dar el siguiente disparo, pero cuando presionó el gatillo una ráfaga de viento desvió la bala. 



** Aixza

Llegamos en el momento preciso, un segundo después y no hubiese sido capaz de desviar el disparo. 
No fue necesario que nos coordinásemos, apenas entramos cada uno tomó su propio camino, yo arrojé el arma de la sombra que amenazaba a Raissa con una ráfaga menos poderosa que la anterior, pero aun con la fuerza suficiente, Leo sacó de sus mangas a sus Tirdrapres y con un hábil movimiento desarmó a dos sombras, mientras que yo arrojé a Remo a la pierna de una tercera, sólo quedaban dos sombras aparte de… ¿El motociclista?
No podía ser…
Nosotros dejamos a Sam amarrado en el piso de abajo. 
Raissa vio mi confusión y gritó en mi dirección
— No es quien crees que es, ¡¡ella no es Sam!!- 
La motociclista se giró en mi dirección sin decir una palabra e hizo un gesto a las sombras que no quedaban de pie. 
En lo que logré darme cuenta de lo que les había ordenado de forma silenciosa, ella se abalanzó en dirección a su arma, pero por suerte logré reaccionar a tiempo y arrojarla por el borde de la azotea. 
Sin embargo era muy tarde, las otras dos sombras ya estaban sobre Giles y Alicia, mientras que Diego fue rápidamente noqueado en el proceso. 
- Déjalos! - Grité desesperada
Ella no se inmutó, sólo avanzó lentamente hacia Raissa que tenía en sus manos ¿un arma?, y tras un leve forcejeo se la arrebató de sus manos y se giró hacia mi, me apuntaba mientras con un pie presionaba más la herida de Raissa, haciendo que esta se estremeciese del dolor, al tiempo de que Leo con ambas Tirdrapres listas para atacar, se acercaba lentamente hacia Giles y Alicia, que eran arrastrados hacia el borde de la azotea por las otras dos sombras, a unos 10 metros de donde estaba Raissa y la motociclista, formando un triángulo entre nosotros. 
Fue como si la temperatura hubiese bajado drásticamente de un segundo a otro, congelando el momento con ella, podía escuchar cada palpitar de mi corazón con completa claridad, sentir como el aire entraba por mi nariz, bajaba a mis pulmones y se habría paso para dejar mi cuerpo, era consciente de cada punto de mi cuerpo, tenso hasta el punto de entender lo que siente un animal a punto de atacar, todos mis sentidos se fundieron en uno sólo, formando una sensación de alerta máxima. 
La imagen que se estaba formando ante mis ojos no podía ser cierta, no necesité tener el don de ver el futuro para saber lo que pasaría, yo ya lo había vivido, en un sueño, en el aire, semanas antes de que la realidad me golpease en la cara. 
Ella tiene que haber descifrado mi expresión, porque antes de que moviese mis labios, ya había disparado nuevamente a Raissa, dejándola inmóvil a escasos centímetros del borde, y corrió hacia donde estaba Leo, desarmándolo de un movimiento e inmovilizándolo, al tiempo de que las otras dos sombras tomaron a Giles y Alicia, formando entre los seis una linea al borde de la azotea, dejándome a igual distancia de Leo y Giles.
- Uff que difícil decisión cherrie- dijo una voz  divertida a mi espalda, provocándome un nudo en el estómago. 
- ¡¿Cómo diablos te liberaste?!- gritó Leo, con el arma de Raissa apuntándolo.
- Ni tus nudos ni tus golpes son tan efectivos como piensas- contestó Sam, que se movía lentamente a mis espaldas, acercándose a Javier, que en todo este tiempo no había hecho más que agarrarse la cabeza y gemir tortuosamente- No te preocupes por él pequeña- dijo cuando yo comencé a girarme en su dirección- sólo uno de ustedes morirá esta noche, y no será el cortezano, aun…- agregó con una risa de suficiencia-, pero te sugiero que decidas rápido, o podrías perderlos a todos, pero para tu tranquilidad, te haremos la decisión algo más sencilla- 
De un movimiento la motociclista disparó hacia Alicia, que se derrumbó en el suelo al instante, desatando la ira de Leo, que intentaba deshacer la llave de la que estaba preso, pero el agarre era muy firme.   
- Uhh yo que tu no intentaría elevar tu temperatura- dijo cuando Leo cerró los ojos concentrándose-, si te liberas por ti mismo, no nos quedará más remedio que arrojar a tu guapa guardiana y a la nueva figura paternal de mi querida ex novia por la cornisa y no creo que ninguno pueda soportar la caída de casi 15 metros, no, tiene que ser ella, pero ten presente que cualquiera sea tu decisión- agregó dirigiéndose a mi-, las consecuencias serán tu cruz por cargar cherrie. 
Estaba en una posición imposible, tres personas en peligro y yo sólo podía tomar la oportunidad de salvar a una. 
Javier era mi obligación. 
Giles mi obsesión.
Leo mi necesidad. 
Tragué saliva y esperé que mi decisión fuese la correcta. 
***
Cada vez que pienso en mi madre tengo una frase que no puedo eludir, que todos estos años he asociado directamente con ella, que la he atesorado como el consejo más importante que alguien me ha dado. 
“Si tú lo crees puedes volar”
Nunca sabré si esa frase fue realmente dicha por ella, o un producto de mi imaginación, que deseaba tan fervientemente tener algo de ella a lo que aferrarme, o si la habrá dicho mi padre en su nombre. 
Siempre pensé que me estaba diciendo que tenía que ser perseverante, determinada, decidida y por sobre todo creer en mi misma, para lograr lo que me propusiese, jamás se me ocurrió que se podría llevar a una interpretación literal de sus palabras. 
De momento que mi decisión estuvo tomada, mi cuerpo se volcó por completo hacia la motociclista, avanzando más rápido de lo que jamás lo había hecho, llegando a avanzar sin posar mis pies en el suelo. 
No pueden haber sido más que segundos, pero cada movimiento lo vi en cámara lenta, tan lenta que podría describir cada instante al detalle. 
La vi quebrar el brazo de Leo. 
La vi dispararle mientras se contraía de dolor. 
La vi intentando dispararme. 
Me vi desviando su proyectil. 
Llegué a su lado y nos envolvimos en una lucha cuerpo a cuerpo. 
Rómulo fue arrebatado de mis manos. 
Su arma voló por la cornisa. 
Su pierna intentó elevarse a mi cabeza para envolverme en una llave similar a la que había apresado a Leo minutos atrás. 
Mi brazo anticipó su movimiento y tomé su cuello intentándolo ahorcarla. 
Su codos golpearon en mis costillas liberándola. 
Su pierna barrió la mía, logrando que me resbalase por la cornisa, sujeta sólo por mis manos al borde. 
Pisó una de mis manos y tomó la otra, quedando como mi único soporte. 
Su risa inundó el momento, resonando como fuertes campanadas en mi cabeza, tan familiar, tan conocida, pero no podía situarla en un lugar o una persona, hasta que por fin escuché su voz. 
- Sabes qué es lo mejor de todo…
Lentamente se sacó la máscara y el cabello comenzó a caer en una fogosa cascada terminando en mi frente, sus ojos negros me miraban con ese brillo travieso que yo conocía tan bien, y mientras me sujetaba con la mano que tenía disponible, se acercó lentamente para susurrar a mi oído.
- Tú madre tampoco lo vio venir. 

Y soltó mi mano dejándome caer.

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